Reflexiones: Cuidado con tu Boca

martes, 6 de enero de 2015 |

“No multipliquéis palabra de grandeza y altanería, cesen las palabras arrogantes de vuestra boca: porque el Dios de todo saber es Jehová, y a Él le toca pesar las acciones”.

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En medio de las dificultades el ser humano tiende por angustia, presión y desespero a emitir palabras de las cuales luego se puede arrepentir. La angustia hace que se abran puertas de duda, y aparezca la altanería y la aparente autosuficiencia con el pensamiento de buscar a los hombres para que solucionen lo que Dios ya tiene solucionado.

También en momentos de victoria y con mayor facilidad se puede llegar a presentar la arrogancia, con labios convertidos en juguete de un corazón orgulloso. Proverbios 25:27 “Comer mucha miel no es bueno, Ni el buscar la propia gloria es gloria.”

Amigos, cualquier situación, mala o buena no enceguezca la fe, que la situación no arroje al ser humano comprado por la sangre de Jesucristo a hablar de manera despectiva.

Cuantas veces por ira se han dicho palabras que han destruido hogares, familias, negocios, y han conducido a algo peor. Una vez dichas ya no hay vuelta atrás. 

Cuidado con los reniegos, cuidado con las palabras altaneras, cuidado con las palabras lisonjeras, ponle freno a tu lengua porque Dios que es Justo, le toca pesar las acciones. Hay un dicho muy común en Colombia que dice “el pez muere por su propia boca”. Dios dice Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca.

Es común escuchar al fanfarrón presumir y humillar con sus palabras, pero así mismo es común verlos avergonzados, siendo objetos de burla para aquellos que el atropello con sus declaraciones.

Dios nos ama tanto que no quiere a sus hijos avergonzados, y pide obediencia a su palabra porque ella es vida, es agua fresca. 
En la boca esta el poder de la bendición y la maldición. Habla palabra de bendición y no de maldición y serán largos y bendecidos tus días.

Dios no será culpable de tus palabras, tú eres responsable de lo que hablas y prometes. Jamás sea testigo falso, y reconoce a Dios en todos tus caminos.

Autor: Paula Andrea Vega




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