Reflexión: Orar y guardar la palabra sin afanes....

jueves, 19 de noviembre de 2009 |


Mateo 6-6


Son las experiencias las que edifican o simplemente pasan como un cosas cualquiera. Algunas veces se aprende, otras se aprende pero ser repite así haya sido un error, y otras verdaderamente se asimila la experiencia y se toma de ella factores que nos edifican desechando los que no convienen.

Como cristianos sabemos que una de las claves para estar en comunión con Dios es estar en permanente oración, aquel devocional que Dios pide “Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público”.

Sin embargo hay momentos que impulsan a menguar aquella oración en lo privado. Y cuando lo hacemos es de manera rápida y algo presionados por esa voz en tu interior que te dice que debes hacerlo, acudimos a nuestra cita con Dios en lo privado pero con afanes.

Dentro del devocional leemos la biblia que es la palabra de Dios y el nos pone en nuestro corazón la cita bíblica. Nuestra expresión: “Hay que boniiiita, Dios me ama y no me deja nunca. Amén, gloria a Dios”.
El reloj marca la hora y corra usted.

Ejemplo: Ayer estaba yo de mucho afán. Ore y leí la palabra velozmente, di gracias a Dios salí corriendo para mi empleo. Allá surgió una eventualidad que me afecto la paz, y cuando llegue a casa llore mucho. Me sentía impotente sin sabiduría, sin saber qué hacer y vulnerada en mi autoridad.


Recordé entonces aquella palabra del devocional veloz, aquella por la cual di gracias pero que nunca guarde en mi corazón, es más no la recordaba claramente. Y entendí el mensaje de Dios. No se trata de orar por hacerlo aun cuando lo hagas de corazón, la palabra se lee, se reflexiona y se guarda.

No es leer solamente, la palabra no es letra, es verbo, es acción, y la debes tomar por obra. En aquella situación en mi empleo nunca recordé la cita bíblica del devocional, pero estoy segura que si la hubiese guardado el enemigo nunca se la hubiese robado y yo hubiese salido victoriosa.

La clase que dictaba ayer era la diferencia entre oír y escuchar. Oír es captar los sonidos sin que estos representen un mensaje porque no estamos atentos. Y escuchar es captar esos sonidos con atención, decodificando aquel mensaje en nuestro cerebro y posteriormente en nuestro corazón.


Hoy puedo afirmar que los afanes del mundo hacen que tú no escuches la palabra de Dios, aún siendo un cristiano dispuesto. Nuestra responsabilidad es ponerla por obra ¿Cómo? Escuchándola cuando la leemos. Esa forma de escucharla es reflexionarla, decodificarla en el cerebro y guardarla en el corazón para ponerla por obra. De lo contrario nos convertimos en cristianos de puesto, de alabanza y de nombre más no acción.

Por ello hago un llamado a quienes se identifican con esta situación para que oremos a Dios pidiendo que su palabra se haga obra en nuestra vida, que no pase como algo más, como tomar agua o emoción de momento. Que la podamos guardar sin olvidarla en nuestra mente y corazón, porque de la abundancia de ese musculo que palpita en nuestro pecho cuando adoras y alabas el nombre de Jesucristo, habla nuestra boca.

Bendiciones

Autor: Paula Andrea Vega
levantatusmanos.blogspot.com

6 comentarios:

EscritosdelSilencio dijo...

¡Dios te Bendiga Mucho Paula!

Palabras muy ciertas esas que has escrito. Adelante siempre.

En el amor del Señor,

Brendaliz

Paula Andrea dijo...

Amén.. Bendiciones...

Pablo dijo...

muy lindo tu blog te invito a escribir tambien si queres escribir visitar mi página y tambien participar con la juventud

¡Alguien Dispuesto! dijo...

Hermosas reflexiones hna! Me he quedado fascinada con el trabajo que ha hecho! Esta en mis enlaces! Dios le bendiga!

Pat dijo...

Hola Paula!! es un placer visitar tu blog, Abrazoooo!!!

Paula Andrea dijo...

Bnediciones pat.. muchas gracias por tu apoyo y esa bellas palabras...

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