Reflexiones: A callar eeee...

viernes, 27 de noviembre de 2009 |

Proverbios 30. 32-33

“Si neciamente has procurado enaltecerte, o si has pensado hacer mal, pon el dedo sobre tu boca. Ciertamente el que bate la leche sacara mantequilla, y el que recio se suena las narices sacará sangre; y el que provoca la ira causara contienda”.

“Que aquel es un hombre cristiano y vea como se porta, su testimonio es prepotencia. – sí pero es que el esconde su falta de conocimiento en esa arrogancia, ya hay quejas- aja si yo escuche que bla, bla, bla, bla…”

Regularmente cuando nos empeñamos en criticar algo o a alguien, en grupo o individualmente, podemos decir que de manera inconsciente terminamos exaltando y poniendo como única verdad lo que nosotros pensamos creemos o decimos. Sin tener en cuenta que en este proceso podemos resaltar la vanagloria, herir o destruir a otras personas y en el peor de los casos generar discordias o contiendas. Por eso el señor es claro y pide que miremos él como hablamos, decimos y a quien lo hacemos.

Porque si se habla para vanagloria aunque aparentemente no es el objetivo, entonces es mejor callar, dado que solapadamente estamos exaltando lo nuestro y quitando los meritos de los demás. Terminamos destruyendo al otro para exaltar lo de uno. Reconociéndose tácitamente la gloria y honra para sí mismo pues.
Ahora bien cuando hablo de empeñarnos en criticar, me refiero no solamente a proponernos a hablar del otro, también es cuando nos enredamos en las conversaciones de otros, donde el juicio sabe a miel en la boca porque los argumentos son razonables. Esta situación es muy sutil y sin querer queriendo terminamos haciendo parte de argumentos de corrillo, de pasillos, que de un modo u otro pueden causar en cualquier momento un conflicto.
Tengamos cuidado en no caer en ese proceder cotidiano y hasta habitual de los demás, más si somos cristianos. Debemos dar testimonio de luz, de transparencia, y si es de opinar que sea con el directamente implicado, no a sus espaldas. La boca Dios la hizo para alabarlo y hablar en bendición, para bendecir, para hablar bien, para construir y no para destruir.

Dios es claro, preciso y conciso “el que bate la leche hace mantequilla y el que se suena duro la nariz le saldrá sangre”. El que murmura, y hace parte del combo de los jueces de un escenario cualquiera, ya sea en el trabajo, la familia o los amigos tendrá su respuesta tarde o temprano. Sé que es muy fácil caer en esto, y por ello es importante poner la palabra de Dios por obra, por verbo, por acción. Así que como dice la palabra de Dios “Pon el dedo sobre tu boca y callar”.

Autor: Paula Andrea Vega
levantatusmanos.blogspot.com


2 comentarios:

Jenny dijo...

Hola Paula amiga, me gusto mucho tu reflexion, ya que es delicado el juzgar y hablar de alguien...de nuestra boca puede salir tanto maldicion como bendicion, esta en nosotros saber refrenar la lengua...amiga te deseo un bello fin de semana...Dios te bendiga mucho.

Pat dijo...

Vine a saludarte por el cumple y me encontré con esta nota, tan buena! La murmuración es tan dañina, lastima, separa... Que aprendamos a hablar como Jesús. Un besito

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